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elziete -
22:56 - 10.06.11
La vida de Allen Ginsberg, o su obra poética o las andanzas existenciales de su entorno al que le pusieron la etiqueta de “generación beat” se puede abordar desde dentro, aplicando al cine los mismos presupuestos que defendían dichos autores o desde fuera, con una mirada nostálgica, aseptica, comprensiva, didáctica y cercana en la distancia a un biopic al uso que pueda atraer a mayor numero de espectadores. Optar por la mirada interior probablemente hubiera sido un suicido comercial mayor de lo que puede ser una cinta minoritaria como esta.
En hora y media asistimos, con un James Franco que se lo curra, a la lectura de su poema que abandera dicho movimiento beat, del que él reniega en sus primeras palabras, en una entrevista paralela, en que apunta algunas claves de su estilo y motivaciones, así como de su vida personal afectiva y a unas animaciones de desigual acierto que acompañan los versos del poema, para terminar redondeando con escenas del juicio al que se llevó a su editor y que acabó siendo una reflexión sobre el arte y la libertad de expresión dándole a la obra de Ginsberg mas publicidad de la que hubiera tenido el libro por si solo.
Poco o nada tiene que ver este recuerdo ilustrado de aquella generación con sus presupuestos mas de medio siglo después y sin embargo, el espíritu que subyace en sus soeces y descarnados versos en contra de un sistema mundial que nos convierte en seres sin alma, en consumidores obligatorios y en carne de cañón, sigue vigente. Morlock, esta mas vivo que nunca y los aeroplanos de nuestras almas están tímidamente comenzando a levantar el vuelo lanzando sus aullidos desesperados. Personalmente soy pesimista.
jcelziete.blogspot.com